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PERFIL DE DON SERAFÍN PEÑA BENEMERITO DE LA EDUCACIÓN NUEVOLEONESA


EL MAESTRO DON SERAFÍN PEÑA nació el 21 de marzo de 1844, hijo de Bernardino Peña y Rosa María Treviño Garza, en la Hacienda de San Sebastián de (los Lermas), municipio de Guadalupe Nuevo León. Aprendió las primeras letras de su prima María de Jesús Treviño y concluyó la enseñanza elemental en la Escuela Pública de la Villa de Guadalupe. A los 11 años lo inscribió su madre en el Seminario Conciliar de Monterrey, donde hizo estudios secundarios. En 1863, recién establecidas las reformas constitucionalistas del Gobierno Presidido por Benito Juárez, Serafín Peña deja el seminario para ingresar en el Colegio Civil del estado como estudiante de leyes. De manera simultánea se inscribe en la carrera de maestro, trabajando como ayudante de profesor en la escuela pública que dirigía el Licenciado Amado Valdés. En el Colegio Civil, su liberalismo lo lleva a polemizar con uno de  sus maestros y  a raíz de ese incidente abandona los estudios de derecho para dedicarse exclusivamente a la enseñanza, su verdadera vocación. Un año y medio de edad tenía Don Serafín cuando perdió a su padre y quince al morir su madre. Es probable que su temprana orfandad haya influido para la formación del carácter bondadoso, amable y sencillo que lo caracterizó a lo largo de toda su vida.

Al  tiempo que trabajaba como ayudante de profesor en escuelas oficiales, estableció un colegio particular que más tarde fue obligado a clausurar por carecer del título de maestro lancasteriano que le exigían las autoridades intervensionistas. Tres años después, esto en 1867, don Serafín Peña fue designado director de la Escuela de Niños de Monclava, donde permaneció dos años. Regresó luego a Monterrey para asumir la dirección del plantel que antes lo había empleado como ayudante.  También en ese año de 1869 dirigió la escuela nocturna para adultos.

Para 1871 el maestro había reabierto el colegio particular que tiempo atrás se le obligó a cerrar, y lo mantuvo funcionando hasta 1884 cuando aceptó la dirección de una escuela privada en Bustamante. En 1896 se trasladó de nuevo a Monterrey para dirigir el primer establecimiento público de niños. Y como ese mismo año volvió para abrirse la Escuela Normal, don Serafín ocupó varias cátedras en el ilustre plantel; así hasta 1892 en que fue designado inspector escolar del Distrito Centro del estado. Entre 1889 y 1890 había sustituido al profesor Miguel F. Martínez en la dirección de la Normal de Profesores, misma que volvió a dirigir de 1901 a 1911 al tiempo que desempeñaba el cargo de director general de Instrucción Pública.

Participó al lado de don Miguel F. Martínez en la implantación de la Reforma Escolar de 1892, resultante del Congreso Nacional de Educación celebrado en la ciudad de México en los años de 1889 y 1890. intervino igualmente en la elaboración de planes de estudios y la redacción de la legislación sobre la materia durante el gobierno del general Bernardo Reyes. Su gestión de diez años al frente de la dirección general de Instrucción pública se caracterizó, entre otras cosas, porque en ese lapso se incrementó la construcción de escuelas urbanas y rurales, creó la Escuela Modelo para la preparación de profesores, e introdujo la enseñanza de párvulos o kindergarten con maestros que habían ido a prepararse en los Estados Unidos. Asistió como delegado por Nuevo León a los congresos nacionales de instrucción pública de 1910 y 1911, y en este último año solicitó y obtuvo su jubilación que el Congreso del Estado decretó el 8 de diciembre.

El 20 de mayo de 1818, la Legislatura del Estado emitió un decreto por el cual declara Beneméritos de la Educación Nuevoleonesa a Serafín Peña y a Miguel F. Martínez.

En 1889 el maestro y la señorita Lucia de la O contrajeron matrimonio. Aunque afortunado en muchos sentidos, dicho enlace no tuvo sucesión por lo que los esposos resolvieron adoptar a un niño huérfano de padre, de nombre José. Diez años más tarde, al morir doña Lucia, don Serafín Peña invitó a la madre del pequeño, María Padilla Vda. de Vargas, que para entonces había contraído segundas nupcias con el señor don Eulogio Castillo, a que junto con su familia se transladaran al hogar del maestro para hacerse cargo de la casa y de José, sobre todo. José y Concepción Vargas,  fruto del primer matrimonio de doña María y Francisco Castillo, resultante del segundo enlace, fueron reconocidos y legitimados por don Serafín y llevaron con orgullo de su apellido. A los tres le procuró el maestro la mas completa y esmerada educación.

Mucho se ha hablado del carácter afable, bondadoso, y de la infinita paciencia de nuestro biografiado. Al respecto es prudente recordad las palabras que sobre el particular expresó alguna vez ante un grupo de alumnos y compañeros: " ustedes creen que no me impaciento nunca, ni me encolerizo jamás y están en un error. Yo como todos los hombres estoy sujeto a las malas impresiones que producen en el organismo las contrariedades de la vida; pero desde hace largo tiempo me he hecho el propósito de contener y de reprimir mis pasiones; y con positiva satisfacción puedo decir a ustedes que después de mil dificultades y trabajos he llegado a conseguirlo". Así pues su carácter no era del todo innato sino en buena medida cultivado.

La llamada escuela nuevoleonesa constituye el fruto de una tarea que acometieran conjuntamente Miguel F. Martínez y Serafín Peña. Ambos tenía experiencia de 25 años como profesores de instrucción elemental, o vocación para la docencia, el dinamismo que requieren las labores de promoción y la inquietud de los innovadores que demandan las grandes empresas. Ellos son los creadores de nuestro sistema educativo popular.

La vasta obra didáctica de Don Serafín Peña puede dividirse en tres series, no necesariamente publicadas en orden y todas referidas a la enseñanza escolar. La primera la compondrían textos dedicados a los niños, en ellos está contenida la exposición metódica del conocimiento en forma de lección que,  naturalmente, correspondería al maestro ir explicando. La segunda sería esta dedicada a los profesores y sirven sus textos como instructivos para desarrollar los programas que corresponden a cada ciclo y materia.  Puede decirse que son libros de metodología dedicados a los maestro. Y la última serie esta formada por libros que sin haberse prensado para el uso escolar, tampoco lo son de metodología sino que constituyen un valioso instrumento para reforzar la preparación del profesor normalista, mejorar su cultura y, sobre todo, perfeccionar los métodos de aprendizaje y los conocimientos generales del magisterio.

Las tareas literarias del maestro no fueron menos importantes. Como escritor de ensayos y poemas frecuentó las páginas de publicaciones como El Obrero de Monterrey, Órgano de la Sociedad Mutualista de Obreros que él ayudó a fundar y de la cual fue incansable animador;  El Filopolita, La India y la Frontera, de donde algunos trabajos fueron tomados por publicaciones nacionales, de Centroamérica y América del Sur.

El 7 de mayo de 1926, a la edad de 82 años, dejó de existir don Serafín Peña en la ciudad de Monterrey. Ausente su venerada figura, la ciudad se vio disminuida, mutilada y los regiomontanos de entonces, niños y maestros en primer lugar, se vieron huérfanos del padre generoso que fue el maestro.

Dr. Óscar Treviño Cantú e Ing. Marcelo Becerra s/n Tel. (826) 263-42-92
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Departamento de Informática y Tecnología Educativa